Monitorear la biodiversidad, prevenir amenazas, recibir visitantes, mantener la infraestructura y apoyar la investigación científica son parte de la labor esencial que desarrolla el equipo de guardaparques del Parque Karukinka, administrado por WCS Chile en Tierra del Fuego.

Cada 31 de julio se conmemora el Día Internacional del Guardaparques, una fecha que reconoce el trabajo de quienes desempeñan un papel fundamental en la conservación de las áreas protegidas. En el Parque Karukinka, un equipo conformado por ocho guardaparques y un administrador trabaja de manera permanente para proteger más de 300 mil hectáreas de bosques subantárticos, turberas, ríos, montañas y ambientes costeros que albergan una biodiversidad única.
Rodrigo Munzenmayer, guardaparques desde hace quince años en Karukinka asegura que “Es uno de los mejores trabajos en el mundo. En un lugar poco conocido y de difícil acceso que lo hace aún más hermoso. Es un desafío en sí mismo estar aquí todo el año, pero lo hago feliz y tiene un sentido para la familia y generaciones futuras”.
Munzenmayer señala que su vocación está ligada a su infancia y a la conexión y respeto que siente hacia la naturaleza: “Tuve un recuerdo que afloró mientras trabajaba aquí en Karukinka: en unas vacaciones en Chiloé y en el campo de mi abuelo materno, me fui al bosque solo, con 10 años y una cámara, con rollo y pilas cuando de repente un chucao se me acercó muy curioso y le pude tomar foto. Hoy disfruto mucho la observación de aves, ser guardaparque me permite hacerlo en cada patrullaje. Ser guardaparque significa entender cómo encajar en la naturaleza, entenderla, restaurarla y protegerla”.

Melissa Carmody, directora de Áreas Protegidas de WCS Chile, explica que el rol de las y los guardaparques va más allá de proteger la biodiversidad. “Los guardaparques de Karukinka desarrollan una labor muy integral: implementan el Plan de Manejo mediante el monitoreo de especies y ecosistemas, el control de amenazas como especies exóticas invasoras, la prevención de incendios, apoyan la investigación científica, reciben y orientan a los visitantes, mantienen senderos e infraestructura. Gracias a esa labor es posible avanzar en la conservación efectiva de Karukinka y mantener el parque operativo”.
Esta diversidad de funciones requiere un alto nivel de compromiso. “Los guardaparques pasan largos periodos lejos de sus familias, por lo que la vocación, la pasión y el compromiso que demuestran con la conservación son realmente admirables. En muchos sentidos, encuentran en Karukinka un segundo hogar y en su equipo una familia”, agrega.

La presencia permanente de los guardaparques permite detectar amenazas como la caza ilegal, el ingreso no autorizado de personas, de perros sin supervisión y otras situaciones que pueden afectar la biodiversidad, lo que fortalece la gestión efectiva de esta área protegida. Todo este conocimiento del equipo de guardaparques de Karukinka puede ser un apoyo para quienes cumplen estas funciones en CONAF y para quienes se desempeñarán en el futuro en el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, especialmente en parques nacionales vecinos como Yendegaia, y así fortalecer una mirada coordinada para la conservación de este territorio.
“Nuestro trabajo como guardaparques es fundamental para la conservación. Estar presentes en el territorio nos permite monitorear, recopilar datos, fiscalizar y detectar oportunamente amenazas para los ecosistemas. También cumplimos un rol clave en la prevención y alerta temprana de incendios forestales y enfermedades en la fauna, especialmente en lugares alejados de los servicios de emergencia, como Karukinka”, cuenta Rodrigo Munzenmayer.
El interés por conocer y recorrer Karukinka va en aumento: cada vez llegan más visitantes por la ruta Y-85 y por los cruceros que ingresan desde el Seno Almirantazgo. Este escenario exige una gestión responsable del uso público, en la que las y los guardaparques cumplen un rol clave al orientar a los visitantes y resguardar que cumplan las normas del área protegida.
En un contexto de creciente pérdida de biodiversidad y de los efectos del cambio climático, la labor de los guardaparques adquiere una importancia cada vez mayor. Su conocimiento del territorio, experiencia en terreno y trabajo cotidiano son fundamentales para conservar uno de los paisajes mejor preservados de la Patagonia y asegurar que Karukinka continúe siendo un refugio para la biodiversidad y un laboratorio natural para la ciencia y la conservación.
