Biofábricas comunitarias, sistemas de captación de agua de lluvia, viveros para renovar cafetales y nuevas prácticas agrícolas ya se implementan en Guatemala, Honduras y El Salvador para fortalecer los sistemas productivos y responder a los retos climáticos de la región Trifinio.
Estas iniciativas forman parte de los Planes de Desarrollo Comunitario Climáticamente Inteligentes (PDCCI), construidos de forma participativa a partir de las necesidades, conocimientos y prioridades identificadas por las propias comunidades.
En su elaboración e implementación participan representantes comunitarios de los tres países junto con el Plan Trifinio, el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y Wildlife Conservation Society (WCS), en el marco del Fondo de Paisajes Biodiversos (BLF, por sus siglas en inglés). Los planes buscan fortalecer la resiliencia de los territorios mediante soluciones adaptadas a sus condiciones locales.
Asistentes a la presentación de los PDCCI en Esquipulas, Guatemala. Inauguración de vivero en el caserío Pericos.
Biofábricas: una apuesta por la producción sostenible
Una de las principales iniciativas de los PDCCI ha sido el establecimiento de biofábricas comunitarias, espacios donde productores y productoras elaboran insumos biológicos a partir de microorganismos de montaña para utilizarlos en cultivos, viveros y sistemas pecuarios.
El proceso comienza con la recolección de material rico en microorganismos en áreas de bosque. Después, estos se reproducen en distintas fases hasta obtener preparados que pueden aplicarse en las actividades productivas.
Productores de los tres países aprendieron la técnica durante capacitaciones desarrolladas por CATIE y WCS como parte del BLF. A partir de estas experiencias, los conocimientos también comienzan a circular entre agricultores y agricultoras de distintos territorios del Trifinio.
Izquierda: recolección de microorganismos de montaña en áreas de bosque. Derecha: sistema hidropónico para el cultivo de lechuga escarola del productor Óscar Herrera, en La Labor, Honduras.
Estos insumos pueden contribuir a disminuir la dependencia de agroquímicos y los costos asociados a su uso, además de ampliar las prácticas disponibles para el manejo de cultivos y suelos.
Actualmente funcionan 12 biofábricas comunitarias en la región Trifinio, siete de ellas en Guatemala.
Guatemala: viveros, bioinsumos y agua para la producción
En el caserío Pericos ya se implementan varias de estas soluciones. Entre ellas se encuentra un vivero comunitario con capacidad para producir más de 100 mil plantas de café destinadas a la renovación de cafetales.
Los bioinsumos también se utilizan en la crianza de aves de traspatio. Glenda Lisseth Guerra Pérez, integrante de la comunidad, asegura que ha observado cambios desde que comenzó a utilizarlos.
“Los pollos crecen más rápido, más fuertes y no se enferman tanto.”
El plan comunitario contempla además sistemas de captación de agua de lluvia, hidroponía y acuaponía, alternativas orientadas a reducir la vulnerabilidad frente a los períodos de sequía y ampliar las opciones disponibles para las familias productoras.
En el caserío El Mojón, Rodrigo García Vázquez comenzó a aplicar bioinsumos en su parcela de maíz. Su experiencia refleja tanto el potencial de estas prácticas como uno de los desafíos centrales que continúa enfrentando la agricultura de la región: la disponibilidad de agua.
“Al principio éramos incrédulos, pero ahora vemos que sí funciona. El maíz ha crecido bien, aunque la lluvia sigue siendo fundamental.”
Parcela de maíz del productor Rodrigo García Vázquez, en el caserío El Mojón, Guatemala.
Honduras: innovación que se comparte
En Ocotepeque, Honduras, fue inaugurado el vivero de la Cooperativa COSCAFEL, una de las iniciativas contempladas en los PDCCI para apoyar la renovación de cafetales.
El vivero utiliza mallas biodegradables como alternativa a las bolsas plásticas tradicionales y cuenta con un sistema de captación y bombeo de agua alimentado con energía solar para abastecer la producción de plantas.
En Sinuapa, Jaime Humberto Heras fue uno de los primeros productores de su comunidad en incorporar bioinsumos en su cultivo de maíz, después de participar en capacitaciones desarrolladas en Guatemala.
Su experiencia despertó el interés de otros agricultores, entre ellos Carlos Pleytez, quien comenzó a comparar distintas formas de manejo en su cultivo de zanahoria.
Parcela de maíz para autoconsumo de Jaime Humberto Heras, en Sinuapa, Honduras.
En una parcela comparativa manejada por el productor, las primeras observaciones muestran diferencias en el desarrollo de las raíces entre los distintos tratamientos. El seguimiento técnico continúa para evaluar su comportamiento.
Foto: Parcela de zanahoria de Carlos Pleytez. Comparación entre tres tratamientos: cultivo con agroquímicos, manejo mixto y cultivo manejado con microorganismos de montaña.
El Salvador: una biofábrica que conecta a productoras
En el caserío El Llano, Doris Ramos opera una biofábrica comunitaria desde donde elabora insumos que comparte con una red de productoras dedicadas a las huertas familiares.
La colaboración ha permitido incorporar estas prácticas en cultivos de pepino, lechuga escarola y rábano, mientras los conocimientos adquiridos durante las capacitaciones se comparten entre las integrantes de la red.
Su hermana, Esmeralda Ramos, también utiliza los preparados en la crianza de aves de traspatio. Así, una misma práctica comienza a aplicarse en diferentes actividades dentro de la comunidad.
De experiencias locales a una estrategia regional
Los Planes de Desarrollo Comunitario Climáticamente Inteligentes fueron presentados oficialmente el 30 de julio durante un encuentro realizado en las oficinas del Plan Trifinio, en Esquipulas, Guatemala.
La actividad reunió a representantes comunitarios, instituciones públicas y organizaciones aliadas para compartir los avances alcanzados y coordinar los siguientes pasos de su implementación.
Participaron Marijose Vilá, coordinadora del BLF para Mesoamérica de la Embajada Británica; César Augusto Beltetón Chacón, director ejecutivo del Plan Trifinio Guatemala; y Gerson Alvarado, coordinador de las acciones del BLF en Trifinio por parte de WCS.
De manera virtual participaron Ximena Leiva, directora del programa BLF para Mesoamérica, y Víctor Hugo Ramos, de WCS, quien presentó un análisis de las perspectivas climáticas para la región y de los posibles efectos de El Niño sobre las condiciones de sequía y disponibilidad de agua.
Las experiencias documentadas en Guatemala, Honduras y El Salvador muestran cómo los PDCCI comienzan a traducirse en acciones concretas: viveros, biofábricas, sistemas de captación de agua y nuevas prácticas productivas desarrolladas junto con las comunidades.
La disponibilidad de agua continúa siendo uno de los principales desafíos en buena parte de estos territorios. Frente a un clima cada vez más variable, los PDCCI permiten poner a prueba soluciones adaptadas a cada contexto y, al mismo tiempo, compartir aprendizajes entre comunidades de Guatemala, Honduras y El Salvador.
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