Un jaguar visto por primera vez en libertad. Un tapir que apareció a pocos metros durante un patrullaje. El silencio de un manglar apenas interrumpido por el vuelo de las garzas y aves playeras. Una tortuga marina regresando a una playa donde llevaba años sin anidar.
Hay escenas que permanecen con el paso de los años.
En Belice, Guatemala y Honduras, seis guardaparques comparten algunos de los momentos que marcaron su vida.
Seis guardaparques comparten momentos que marcaron su vida. Imagen creada con IA.
La Selva Maya, compartida por México, Guatemala y Belice, conforma el bosque tropical continuo más extenso de Mesoamérica. Su importancia trasciende las fronteras: ya que mantiene la conectividad ecológica de la región y resguarda una extraordinaria diversidad de especies, ecosistemas y recursos naturales.
Kurt Hyde | Corredor Forestal Maya, Belice
"Nunca olvidaré la primera vez que vi un jaguar en libertad."
El bosque estaba en silencio.
Hasta que apareció un jaguar.
Cuando piensa en los años que lleva recorriendo la Selva Maya, Kurt Hyde siempre vuelve al mismo momento: el día en que vio por primera vez al mayor felino de América en libertad.
Su vínculo con la conservación comenzó mucho antes, acompañando a su abuelo en actividades relacionadas con la naturaleza. Hoy trabaja en la protección de la Selva Maya, que trasciende las fronteras políticas y facilita el desplazamiento de especies que requieren grandes extensiones de hábitat.
En Guatemala, el Parque Nacional Laguna del Tigre resguarda uno de los humedales más extensos de Mesoamérica.
Rolando Venivence Monzón Guzmán | Parque Nacional Laguna del Tigre, Guatemala
"El motivo de ser guardarecursos fue ver la escasez de las especies que hoy en día están en peligro de extinción."
Un tapir apareció entre la vegetación.
Rolando Monzón lo vio acercarse lentamente hasta quedar a unos cuatro metros de distancia. Por un instante no supo si moverse o permanecer completamente quieto. Temía que pudiera lastimarse al huir entre el bosque. Poco después, el tapir siguió su camino y desapareció entre la vegetación.
Hoy participa en patrullajes de protección ambiental, prevención y control de incendios forestales, así como en acciones para combatir actividades ilícitas dentro del Parque Nacional Laguna del Tigre.
Pero conservar la Selva Maya también significa convivir con sus amenazas.
Gelber Belarmino Aldana Núñez | Parque Nacional Tikal, Guatemala
"He visto cómo la reserva lentamente se va deteriorando; tal vez no cambiaré todo, pero sí algo de lo que tengo a mi alcance."
Gelber Belarmino recuerda temporadas en las que el humo cubría grandes extensiones del bosque. Ha visto incendios consumir árboles centenarios y animales que no lograron escapar de las llamas. Son imágenes que todavía lo acompañan.
Pero no todos sus recuerdos están marcados por el fuego.
El día que participó en el anillamiento de un halcón pecho naranja (Falco deiroleucus), una de las rapaces más escasas de Centroamérica, tuvo entre sus manos un recordatorio de aquello que todavía vale la pena proteger.
Costa del Pacífico: donde la tierra se encuentra con el mar
Lejos de la Selva Maya, el bosque da paso a esteros, playas y manglares. En la costa del Pacífico guatemalteco, estos ecosistemas albergan aves residentes y migratorias, peces, reptiles y crustáceos, además de amortiguar tormentas y sostener actividades como la pesca artesanal.
José Francisco Rodríguez Archila | Parque Nacional Sipacate-Naranjo, Guatemala
"Nunca olvidaré esos patrullajes donde te internas en los manglares. Ya no hay más sonido que el de las aves que habitan ahí. El canto de las garzas en una colonia no se olvida."
Para José Francisco Rodríguez Archila, esos patrullajes resumen la razón por la que eligió convertirse en guardarecursos. Entre canales rodeados de manglar, el canto de las garzas explica mejor que cualquier otra cosa por qué decidió dedicar su vida a proteger este paisaje.
También está convencido de que la conservación no depende únicamente de quienes patrullan las áreas protegidas. Cree que proteger la vida silvestre es una responsabilidad compartida y que la educación ambiental puede ayudar a que las nuevas generaciones construyan una relación distinta con la naturaleza.
La Reserva de la Biosfera del Río Plátano, en Honduras, reúne bosques tropicales, ríos, humedales, lagunas costeras y playas donde cada año llegan a anidar tortugas marinas. Reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO e inscrita también en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro debido a las amenazas que enfrenta, constituye uno de los paisajes naturales más importantes de Centroamérica y es hogar de pueblos indígenas y comunidades que han convivido con estos ecosistemas durante generaciones.
Isamar Jiménez Martínez | Reserva de la Biosfera del Río Plátano, Honduras
"Nunca voy a olvidar la impresión de cada niño cuando conocía por primera vez una tortuga marina y le cambiaba el rostro al descubrir un animal que nunca había visto."
El cambio climático fue lo que motivó a Isamar Jiménez a convertirse en guardarecursos. Ver cómo el territorio donde creció comenzaba a transformarse y pensar que las nuevas generaciones podrían dejar de conocer esa riqueza natural la llevó a involucrarse en la conservación.
Cuando habla de su trabajo, Isamar no empieza por las tortugas, sino por las personas. Recuerda la expresión de los niños —y también de muchos adultos— al encontrarse por primera vez con un animal que solo conocían por fotografías.
Hoy participa en la protección de tortugas marinas y trabaja con las comunidades locales, convencida de que los guardaparques también pueden inspirar a otras personas a cuidar el lugar donde viven.
Wilmer Marmol Suazo | Reserva de la Biosfera del Río Plátano, Honduras
"Cuando encontré el primer nido de baula, lo primero que se me vino a la cabeza fue llamar a todos los niños de la escuela y el colegio para que conocieran a la baula anidando."
Desde muy pequeño, Wilmer veía cómo el proyecto de conservación de tortugas marinas atravesaba momentos difíciles. Entonces decidió formar parte de ese esfuerzo, con la esperanza de que las nuevas generaciones también pudieran conocer especies como la tortuga baula.
Años después llegó ese momento. Encontró el primer nido.
Su reacción fue invitar a la comunidad a presenciar ese momento. Niños de la escuela y el colegio, maestras, autoridades locales y decenas de habitantes regresaron tiempo después para acompañar el nacimiento y la liberación de las crías. Tras quince años sin un evento así, ver aquella playa llena de personas esperando el nacimiento de las tortugas es uno de los recuerdos más importantes de su vida como guardarecursos.
Wildlife Conservation Society (WCS) expresa su reconocimiento y agradecimiento a los guardaparques, guardarecursos, técnicos, comunidades y organizaciones.
Muchas de estas acciones se desarrollan en estrecha coordinación con instituciones gubernamentales como el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) en Guatemala, el Instituto de Conservación Forestal (ICF) en Honduras y el Belize Forest Department, así como con organizaciones comunitarias, socios de conservación y el apoyo de donantes como el Fondo de Paisajes Biodiversos (BLF, por sus siglas en inglés), Unión Europea, entre otros, cuyo respaldo fortalece la protección de la biodiversidad en la región.