Un estudio realizado en la comunidad de Mavita, en la Moskitia hondureña, documentó por primera vez qué especies silvestres interactúan con cultivos de yuca en paisajes forestales del Caribe oriental de Honduras. La investigación utilizó cámaras trampa y luces activadas por movimiento como herramientas no invasivas para monitorear fauna en zonas agrícolas.
Por mucho tiempo se creyó que el danto era uno de los principales responsables de los daños en los cultivos de yuca. Sin embargo, las cámaras trampa revelaron que el conejo hondureño fue la especie registrada con mayor frecuencia consumiendo este cultivo. Imagen por WCS Honduras.
La yuca (Manihot esculenta) es uno de los principales cultivos de subsistencia para las comunidades miskitas y forma parte de la alimentación y economía local. Identificar correctamente las especies que interactúan con los cultivos permite diseñar medidas de manejo efectivas contra especies que no son responsables de las pérdidas agrícolas.
El estudio, titulado From Forest Mosaics to Yucales: Noninvasive Monitoring Untangles Mammal–Crop Interactions in Eastern Honduras, fue liderado por Manfredo A. Turcios-Casco, junto a Mario R. Jolon-Morales, Bianca Padilla, Edgard Scott y Celeste M. López. La investigación fue publicada en la revista científica Neotropical Biology and Conservation en 2026.
Durante más de dos meses, el equipo instaló cámaras trampa en "yucales" rodeados por bosque de pino y bosque húmedo tropical. El objetivo fue identificar qué especies consumen los cultivos y evaluar alternativas no letales para reducir daños agrícolas.
Los resultados mostraron que el conejo hondureño (Sylvilagus hondurensis) fue la especie registrada con mayor frecuencia consumiendo yuca. Aunque el tapir centroamericano (Tapirus bairdii) también fue detectado, no apareció como el principal responsable del daño observado en los cultivos, como se creía inicialmente y como aún es una percepción ampliamente extendida.
El monitoreo tampoco encontró evidencia de consumo de yuca por armadillos (Dasypus mexicanus) o tepezcuintles (Cuniculus paca), especies que tradicionalmente eran señaladas por las comunidades como responsables de las pérdidas. Los resultados demuestran cómo la investigación científica puede contribuir simultáneamente a mejorar la producción local y fortalecer la conservación de especies amenazadas.
Además de registrar dantos y conejos, las cámaras documentaron la presencia de ocelotes (Leopardus pardalis), yaguarundis (Herpailurus yagouaroundi), tayras (Eira barbara), guatusas (Dasyprocta punctata) y zarigüeyas (Didelphis marsupialis y Didelphis virginiana), aportando información sobre patrones de actividad y uso del paisaje en zonas agrícolas y forestales.
Los investigadores señalan que herramientas como cámaras trampa y luces activadas por movimiento pueden contribuir a reducir conflictos entre personas y fauna silvestre, siempre que formen parte de estrategias integrales basadas en monitoreo, participación comunitaria y evidencia científica. A su vez, esto puede reducir la presión sobre especies catalogadas en peligro, como el tapir, mostrando la importancia de basar las decisiones de manejo en evidencia científica.
La investigación fue financiada por el Fondo de Paisajes Biodiversos (Biodiverse Landscapes Fund, BLF por sus siglas en inglés), con apoyo de Wildlife Conservation Society (WCS), el Fondo para el Manejo de las Áreas Protegidas y Vida Silvestre (FAPVS) y otras instituciones aliadas con la conservación de los bosques de la Moskitia.
El artículo completo está disponible en Neotropical Biology and Conservation.