Con el respaldo del proyecto Cinco Grandes Bosques de Mesoamérica: una iniciativa regional por el clima, la biodiversidad y las personas, financiado por la Unión Europea, en el Corredor Forestal Maya de Belice, comunidades, organizaciones locales e instituciones trabajan de manera conjunta para sostener la conectividad de la Selva Maya, frente a amenazas como los incendios forestales, el cambio de uso de suelo y la expansión agrícola.
Un corredor clave dentro de la Selva Maya
La Selva Maya, recientemente reconocida por los gobiernos de Guatemala, Belice y México como el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya mediante la Declaración de Calakmul (2025), abarca aproximadamente 5.7 millones de hectáreas y constituye el bosque tropical continuo más extenso de Mesoamérica. Este sistema integra áreas protegidas, territorios comunitarios, tierras privadas y paisajes productivos, cuya conectividad es esencial para la biodiversidad y las personas.
En Belice, esta conectividad se mantiene a través del Corredor Forestal Maya, un paisaje estratégico que enlaza los bosques de las Montañas Maya del sur de Belice con el resto de la Selva Maya trinacional al norte. La Wildlife Conservation Society (WCS) y sus socios concentran su trabajo apoyando a comunidades, instituciones nacionales y organizaciones locales para reducir presiones, restaurar áreas degradadas y fortalecer el manejo del territorio en este paisaje crítico.
El análisis de Huella Humana, coordinado por WCS, muestra que la Selva Maya ha experimentado uno de los mayores incrementos de presión humana en Mesoamérica. Entre 2000 y 2015, la extensión de áreas con menor influencia humana en este paisaje se redujo en 33%, pasando de aproximadamente 55,000 km² a poco más de 41,000 km².
En el caso de Belice, estos procesos se manifiestan de forma particular a través de los incendios forestales y el uso recurrente del fuego. Datos satelitales del sensor VIIRS —utilizado para detectar puntos de calor asociados a incendios y quemas activas— muestran que la Selva Maya beliceña ha registrado un incremento significativo en los últimos años, especialmente en 2023 y 2024, evidenciando una presión creciente sobre el bosque. A ello se suma la pérdida anual de cobertura forestal, que en Belice alcanzó más de 27,000 hectáreas en 2024, asociada principalmente a incendios, apertura de tierras y cambios en el uso del suelo.
Restaurar el paisaje reduciendo presiones
En el Corredor Forestal Maya, la restauración del paisaje comienza con la reducción de las presiones que impiden que el bosque se recupere por sí mismo. La estrategia central de la intervención de WCS y sus socios ha sido la Regeneración Natural Asistida, que combina protección territorial, manejo del fuego y vigilancia comunitaria para crear las condiciones necesarias para la recuperación de la vegetación nativa.
Gracias a este enfoque, más de 13 mil hectáreas de bosque cuentan hoy con mejores condiciones ecológicas. Al disminuir presiones como la tala ilegal, la cacería y los incendios recurrentes, se restablecen los procesos naturales del ecosistema y se favorece el retorno de especies nativas sin necesidad de intervención directa.
En las zonas altamente degradadas, este proceso se ha complementado con acciones de restauración activa en 20 hectáreas. Pequeños grupos de árboles nativos de rápido crecimiento, adaptados a condiciones abiertas y expuestas al sol, fueron plantados, lo que contribuyó a restaurar la cobertura vegetal, mejorar las condiciones del suelo y crear refugio para aves y otros animales dispersores de semillas. Con el tiempo, estas islas de vegetación facilitan la recuperación continua del bosque.
Para sostener estos procesos, se han fortalecido viveros locales que producen árboles frutales y especies maderables utilizados tanto en la restauración de áreas degradadas como en sistemas productivos comunitarios. Así, la restauración se vincula directamente con la vida cotidiana de las comunidades y el manejo del territorio.
Algunos resultados destacados en la Selva Maya de Belice, en el marco de los Cinco Grandes Bosques de Mesoamérica.
Community Baboon Sanctuary: mujeres, bosque y río
En el valle del río Belice, la Community Baboon Sanctuary Women’s Conservation Group (CBSWCG) gestiona desde 1998 un modelo de conservación único en el país. A través de acuerdos voluntarios con propietarios privados, las comunidades protegen los bosques ribereños que sostienen al mono aullador negro y a numerosas especies asociadas a estos ecosistemas.
Marcella Williams, agricultora de St. Paul’s, lo vive como parte de su historia familiar:
“Mi padre fue uno de los primeros agricultores que firmó el compromiso para proteger parte de su finca para la vida silvestre. Para nosotros, cuidar el bosque siempre fue parte de la forma de vivir y de producir.”
Jessie Young, presidenta del grupo, lo explica desde la experiencia cotidiana:
“Siempre vivimos con los monos. No eran una amenaza. Lo que necesitábamos era organizarnos para proteger lo que ya existía.”
Con apoyo del proyecto, la CBSWCG fortaleció sus capacidades organizativas y técnicas, al tiempo que impulsó acciones concretas de restauración ribereña y agricultura regenerativa. Como resultado, se restauraron tres hectáreas de bosque ribereño degradado.
Un vivero comunitario, ubicado en el centro de visitantes de Bermudian Landing, apoya los procesos de restauración y los sistemas productivos locales. Además de proveer plantas, este espacio se ha consolidado como un punto de aprendizaje donde agricultores y agricultoras fortalecen sus conocimientos en manejo sostenible y propagación de árboles.
Proteger el corredor: patrullajes, fuego y respuesta comunitaria
El Corredor Forestal Maya es especialmente vulnerable a los incendios forestales provocados por actividades humanas, una de las principales amenazas para la Selva Maya en Belice. Para enfrentar este riesgo, comunidades locales, WCS y el Grupo de Trabajo de Incendios del Corredor Forestal Maya (MFCFWG, por sus siglas en inglés) han fortalecido un enfoque integrado de manejo del fuego y protección territorial, gracias al cual más de 15,000 hectáreas de bosque han sido protegidas frente a incendios, reduciendo daños a la cobertura forestal, la biodiversidad y los medios de vida de las comunidades que habitan el corredor.
Como parte de este esfuerzo, guardabosques realizan patrullajes sistemáticos utilizando la herramienta SMART, que permiten mantener presencia constante en el territorio, detectar amenazas y documentar actividades ilegales. Se realizaron más de 370 patrullajes, recorriendo cerca de 19,000 kilómetros en sitios del Maya Forest Corridor y en zonas estratégicas de conectividad dentro de la Selva Maya de Belice.
Este trabajo terrestre se complementa con el uso de drones, que amplían la capacidad de monitoreo a escala del paisaje. En 2025, el equipo realizó vuelos de monitoreo aéreo principalmente para la detección temprana de incendios, apoyo a labores de control y vigilancia de otras amenazas. Durante la temporada seca, esta herramienta ha sido clave para identificar focos de incendio, entender su comportamiento y orientar la respuesta en tierra.
A pesar de estos esfuerzos, los incendios forestales siguen siendo un desafío. Durante la temporada seca más reciente, se documentaron ocho incidentes de incendio, tres de los cuales afectaron directamente áreas del corredor, lo que resalta la continua importancia de la prevención y el manejo comunitario del fuego. WCS, el MFCFWG y las comunidades están capacitándose conjuntamente en manejo de incendios forestales para aumentar la eficiencia y la efectividad durante las labores de supresión del fuego.
En comunidades como Mahogany Heights, el fortalecimiento del manejo comunitario del fuego ha marcado una diferencia tangible. Raquel Vega, lideresa comunitaria, lo resume así:
“Antes dependíamos de que alguien viniera de afuera a ayudarnos cuando había fuego, y muchas veces ya era tarde. Ahora estamos capacitados, sabemos qué hacer y reaccionamos rápido.”
La capacitación, el equipamiento y la organización local han permitido proteger viviendas, cultivos y áreas forestales en un contexto donde los incendios son cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Más allá de apagar fuegos, este trabajo ha fortalecido la capacidad de las comunidades para cuidar su territorio y responder de manera oportuna ante una de las mayores amenazas para la Selva Maya.
Producir sin presionar al bosque
Reducir las presiones sobre el bosque también implica ofrecer alternativas productivas viables. En las comunidades que rodean el Corredor Forestal Maya, el proyecto ha acompañado a familias agricultoras en la transición hacia prácticas más sostenibles.
Para Densdale Thompson, agricultor de Double Head Cabbage, este cambio fue también un cambio de mirada:
“Antes pensábamos que la sombra era un problema. Creíamos que no íbamos a producir nada si dejábamos crecer árboles en la finca.”
A través de capacitaciones en agricultura regenerativa y sistemas silvopastoriles, comenzó a integrar árboles frutales y forrajeros en áreas productivas, utilizando la sombra para conservar humedad, mejorar el suelo y reducir la necesidad de insumos externos.
“Ahora entendemos que la sombra protege el suelo, que las hojas sirven como cobertura y que no todo hay que quemarlo como antes.”
Como él, 13 hogares en comunidades del corredor reciben acompañamiento técnico continuo para diversificar su producción, mejorar el manejo del suelo y reducir la dependencia de prácticas que presionan al bosque. Sistemas agroforestales, huertos familiares y mejoras en sistemas silvopastoriles han fortalecido la seguridad alimentaria y los ingresos locales.
Aprender a producir desde la escuela
En la Belize Rural High School, la agricultura se enseña con las manos en la tierra. Con el apoyo del proyecto, se construyó un invernadero que ahora funciona como un laboratorio vivo para 100 estudiantes. Hubert Pasqual, profesor de agricultura de la escuela, explica:
“Aquí el suelo es básicamente sílice. Si sembramos directamente, nada crece. Los estudiantes aprenden que primero hay que entender el suelo, mejorarlo y trabajar con él.”
Dentro del invernadero, los jóvenes cultivan hortalizas como tomate y repollo, observan tasas de germinación, miden el crecimiento de las plantas y comparan resultados entre cultivos protegidos y a campo abierto. Parte de la producción fortalece el programa de alimentación escolar; el resto se comercializa localmente.
Un corredor que se cuida desde adentro
Desde estudiantes y agricultores hasta brigadas comunitarias y líderes locales, las acciones en Belice demuestran que el cuidado del bosque y el sustento de los medios de vida se fortalecen mutuamente cuando se construyen desde las propias comunidades.
Como resume Jessie Young:
“La gente quiere hacer lo correcto. Solo necesita las herramientas, el conocimiento y el acompañamiento para hacerlo.”