Con el respaldo del proyecto Cinco Grandes Bosques de Mesoamérica: una iniciativa regional por el clima, la biodiversidad y las personas, financiado por la Unión Europea, Honduras ha fortalecido acciones de conservación en la Moskitia, el segundo bosque tropical húmedo más grande de Mesoamérica.
A través del trabajo conjunto entre pueblos indígenas, instituciones del Estado y organizaciones, se han establecido viveros forestales y de cacao, grupos de patrullaje comunitario y mecanismos de control territorial que han permitido restaurar más de mil hectáreas, mejorar medios de vida y frenar la deforestación en uno de los paisajes más amenazados de la región.
El bosque que ya no es el mismo
La Moskitia, territorio compartido entre Honduras y Nicaragua, abarca aproximadamente 2.1 millones de hectáreas de bosque. Este paisaje está estructurado por grandes sistemas fluviales, entre ellos el río Patuca, con más de 500 kilómetros, y el río Coco-Segovia (Wanki), con más de 800 kilómetros, que marca parte de la frontera entre ambos países.
De acuerdo con el análisis de La Huella Humana, coordinado por Wildlife Conservation Society (WCS), la Moskitia hondureña es el paisaje silvestre que ha experimentado el mayor incremento de la influencia humana en Mesoamérica durante las últimas dos décadas. Entre 2000 y 2020, la extensión de su área silvestre se redujo en 59%, pasando de 52.000 km² a 21.000 km², junto con una disminución de cuatro a dos grandes fragmentos de bosque.
Este cambio no representa únicamente pérdida de cobertura forestal, sino un aumento sostenido de la presión humana sobre el territorio, asociado principalmente a la expansión de la frontera agropecuaria, en particular a la ganadería ilegal, una de las principales amenazas para la integridad ecológica y la conectividad del paisaje.
A pesar de estas presiones, La Moskitia alberga una biodiversidad de alto valor ecológico, con especies emblemáticas y amenazadas como el tapir o danto (Tapirus bairdii), el hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla) y el jaguar (Panthera onca), indicadores clave de la salud del ecosistema. Asimismo, es hogar de especies de alto valor cultural como la guara verde y la guara roja, esta última considerada el ave nacional de Honduras, además de una rica diversidad de flora nativa y especies maderables.
Es en este contexto donde organizaciones indígenas como DIUNAT y BAKINASTA, en coordinación con WCS, el Instituto de Conservación Forestal (ICF) y técnicos comunitarios, impulsan estrategias integrales que articulan conservación, producción sostenible y gobernanza territorial indígena.
Algunos resultados destacados en la Moskitia, en el marco de los Cinco Grandes Bosques de Mesoamérica.
Establecimiento de viveros y producción de cacao
El establecimiento de fincas agroforestales de cacao se ha consolidado como una estrategia clave para dinamizar la economía local, generar ingresos y fortalecer entre las familias productoras un sentido de protección del territorio y visión a futuro. Actualmente, el proceso involucra a productores organizados en 20 fincas agroforestales, donde el cacao representa una alternativa productiva compatible con el bosque y un incentivo directo para mantener la cobertura arbórea.
“El precio del cacao está alto y con eso la gente más le pone su atención”, señala Iris Tesalia Flores Cruz, productora de cacao.
Además de los ingresos, estas fincas generan empleo local asociado a la restauración, el manejo y cuidado de plantas y el mantenimiento de parcelas, contribuyendo a mejorar la salud del suelo, reducir la degradación y fortalecer la conectividad del paisaje.
Esta visión se refleja en el manejo cotidiano de las parcelas:
Con el interés del cacao, uno aprovecha en cuidar y ahora dejo otros árboles para que me hagan sombra”, comparte Ruiz Celaya Cuevas, productor local.
Los primeros intentos de establecimiento enfrentaron limitaciones relacionadas con la falta de riego, altas temperaturas y sequías prolongadas, lo que ocasionó pérdidas significativas. Frente a este escenario, el proyecto impulsó la instalación de dos viveros centrales, ubicados en Wampusirpi y Brus Laguna, con acceso permanente a agua y semillas provenientes de productores locales.
Durante la intensa sequía registrada en 2024, se logró mantener alrededor de 12,000 plantas de cacao vivas, de un total cercano a 15,000 plantas producidas, asegurando material vegetal para las siguientes fases del proyecto.
Con el retorno de las lluvias, se desarrolló un taller de injertación con yemas locales, capacitando a 15 técnicos comunitarios, de los cuales 10 alcanzaron rendimientos superiores al 80 %, quienes hoy reproducen clones recomendados por la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (FHIA). Este proceso fortaleció la autonomía local y redujo la dependencia de servicios externos.
Como parte del enfoque territorial, se implementaron acciones de restauración pasiva en aproximadamente 1,000 hectáreas, complementadas por la producción de plantas de los viveros, destinadas a parcelas agroforestales, incorporando especies como nance, limón, caoba y gualiqueme.
Conocer el bosque para protegerlo
Durante años, gran parte de lo que ocurría en el bosque de la Moskitia pasaba desapercibido. Hoy, esa realidad comienza a cambiar gracias al fortalecimiento de la participación comunitaria, mediante grupos de patrullaje y monitoreo biológico que recorren y observan el territorio de forma sistemática.
“Antes no sabíamos lo que sucedía en el bosque”, recuerdan integrantes de estos equipos.
Hombres y mujeres de las comunidades de Bilalmuk, Kurhpa, Tukrun, Pimienta y Wampusirpi, pertenecientes al Concejo Territorial Indígena de BAKINASTA, así como de Brus Laguna, territorio de DIUNAT, realizan patrullajes periódicos como parte de sus propios mecanismos de cuidado y control, enfocados en la atención de amenazas y la protección de sus espacios comunitarios. Como explica Chester Waldo Donaire:
“Los problemas que enfrenta aquí en nuestro medio son más que todo sobre la tierra”.
Por su parte, el Centro de Control Interinstitucional de Krausirpe, infraestructura instalada con el respaldo de la Unión Europea, funciona como base operativa para las acciones de la Fuerza de Tarea Interinstitucional contra el Delito Ambiental (FTIA) que es administrada por el Instituto de Conservación Forestal (ICF), facilitando el apoyo logístico a los operativos en la Reserva del Hombre y la Biosfera del Río Plátano.
De manera complementaria, los grupos de monitoreo biológico comunitario instalan y revisan cámaras trampa, identifican huellas de fauna, protegen nidos y registran amenazas mediante la herramienta SMART (Spatial Monitoring and Reporting Tool). A través del tiempo, estos grupos de guardarecursos han recorrido más de 10 mil kilómetros, fortaleciendo el conocimiento local y la documentación de la presencia de especies de flora y fauna de importancia para los ecosistemas.
“Algunos animales están escaseando y no nos estamos dando cuenta qué tipos de animales existen también”, señala José Evelio Salinas Herrera, integrante del grupo de monitoreo de Wampusirpi.
Estas acciones no solo fortalecen el control del bosque, sino que reconstruyen la relación entre las comunidades y su entorno, promoviendo una gestión más informada y colectiva del territorio.
Prioridades productivas para el futuro de La Moskitia
En el marco del proyecto, y con apoyo de la Alianza Bioversity - CIAT, se realizaron estudios para analizar y priorizar alternativas productivas en la Moskitia, con énfasis en cacao, granos básicos y otras opciones compatibles con la conservación del bosque.
Los análisis incluyeron una evaluación de las cadenas de valor de frijol y arroz en Wampusirpi, evidenciando sistemas productivos de manejo tradicional, baja mecanización y parcelas familiares menores a una hectárea, con producción destinada principalmente al autoconsumo.
“Nuestro objetivo, nuestra meta, es que algún día La Moskitia se desarrolle como se debe.”
-Norberto Allen González-